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El libro de la película: bayala - Una aventura mágica

Déjate seducir por la historia mágica de hadas mágicas y dragones majestuosos.

E1140
[Translate to Spanisch:] Das Buch zum Film

bayala - Una aventura mágica

Este libro solo está disponible en alemán

(p. 21-23)

Piuh se acurrucó bajo una hoja. Poco a poco se fue resbalando hasta que se encontró en el borde de la cama, y cuando se dio cuenta, se cayó del árbol en picado. No le pareció una buena forma de despertar. Gritó asustado. Si una vid no hubiera parado el golpe en el último momento, habría chocado directamente contra una piedra. Pero dentro de la desgracia, tuvo suerte de caerse bastante suavemente. Aun así, ese simple choque hizo que la piedra se tambaleara de nuevo. Se escuchó un suave siseo.

"¿Piuh?" Rápidamente, Marween saltó por encima de las ramas y de las raíces del viejo árbol para ayudarle. "¿Estás bien?" Frunció el ceño. "¿Qué son esos extraños ruidos? Suenan casi como en mi sueño".

Se inclinó acercando la nariz a la sucia y musgosa piedra, que no era muy distinta del resto de piedras. Se oyó un suave susurro. Marween no podía creer lo que escuchaban sus oídos.

"¡Oh!," dijo en voz baja. "¿Una piedra que habla? Miró a Piuh desconfiada. Como era de esperar este no tenía ninguna respuesta preparada, aunque le pareció prudente mantenerse un poco alejado de ese extraño objeto.

Pero Marween no lo hizo y saltó encima con entusiasmo.

"¡Por todas mis alas!", gritó entusiasmada. "¡Una piedra que habla!". La sacudió con todas sus fuerzas. "Es el regalo perfecto para nuestra nueva reina". Sin embargo, era imposible mover la piedra un solo milímetro del lugar donde estaba.

Marween no se rendía tan fácilmente. Se puso su vestido verde, las medias a rayas y se tumbó en una gruesa raíz del árbol para hacer presión contra la piedra. Tenía que poder moverla. La futura reina Eyela seguramente no iría a recoger su regalo. Marween tenía que llevarle la piedra.

En aquel momento, los primeros rayos de sol iluminaron las preciosas alas blancas de Marween y con la luz brillaron como si estuvieran repletas de diamantes.

"¡Por fin!", gritó, y se rio. "¡A volar!". Sería gracioso si no pudiera mover la piedra del suelo con la fuerza de sus alas.

Se movía, agitaba las alas y hacía un gran esfuerzo. Piuh decidió ayudarla y empezó a presionar la piedra desde el otro lado. Al final, después de empujar mucho rato y de hacer un gran esfuerzo consiguieron despegar la piedra del suelo.

Marween sujetaba la pequeña roca en sus manos y volaba de un lado hacia otro. Pero pesaba tanto que apenas podía controlar el vuelo. Después de unos pocos metros se tropezó con una raíz y se cayó al suelo.

"Por todas las alas.... " refunfuñó. No creía que le costaría tanto mover esa piedra. Pero no sería Marween si desistiera tan fácilmente. La abrazó de nuevo y la deslizó rodando hasta el camino estrecho que llevaba a la carretera.

Era difícil controlar la piedra. Cada vez rodaba más rápido. Marween miró a Piuh aturdida. Y luego salió disparada detrás de ésta.

(p. 49-50)

"Preparaos para el viaje, los cuatro", dijo Eyela. Miró a Falaroy. "Hablaré con los líderes tribales e intentaré convencerles para que vengan con nosotros". Después nos encontraremos en la roca del solsticio para celebrar el Festival del Dragón. "Miró a los demás: ¿Qué decís vosotros?"

Durante unos instantes se hizo el silencio en la sala del trono. Entonces Surah se unió a Sera y a Marween.

"Yo digo que quedan cuatro días para el solsticio", gritó con determinación.

"Y ya deberíamos haber empezado", añadió Sera riendo

A Eyela se le dibujó una sonrisa de satisfacción. No esperaba menos de sus hermanas. .

Así concluyó la reunión, y todos corrieron hacia la puerta. Quedaba mucho por hacer y el tiempo volaba. Eyela cogió el huevo de Nugur y se lo colocó a Marween en las manos.

"Cuando salgas ahí afuera", dijo, "debes proteger a Nugur de Ophira y de sus cuervos. Hará todo lo posible para atraparle". Eyela miró a Marween con seriedad. "Un dragón y su magia la haría aún más poderosa".

Marween la había escuchado con mucha atención. Asintió y prometió protegerle.

(p. 71-72)

Era tarde y solo quedaba una cosa por hacer: tener una conversación con el rey de las hadas del bosque. No parecía nada cansado. Se presentó ante el trono de Eyela y la miró con severidad. Se había hecho un nudo en la cabeza con su largo y rubio pelo. Sus alas recordaban a las hojas verdes de los árboles y su vestido festivo tenía tonalidades de la tierra y tonos verdes del bosque.

"¿Un festival de dragones?" preguntó desconfiado cuando Eyela le contó sus planes. Las otras ya habían accedido, así que estaba de buen humor. Pero el rey de las hadas del bosque parecía estar hecho de otra pasta. No dijo nada. Eyela, Falaroy y Fecha veían cómo cada vez estaba más nervioso. El rey se acarició su fina barba pensativo. No tenían ni idea de sus pensamientos respecto a la propuesta de Eyela. Pero entonces Eyela vio que se le dibujaba una pequeña sonrisa en los labios. La sonrisa se iba ensanchando y empezaron a brillarle los ojos.

"Bueno" dijo finalmente, "bueno", interminable. "Las hadas del bosque podrían participar..."

"Oh, muchas gracias", dijo Eyela aliviada. "Queremos que llegue mañana".

"Humm, dime que estoy loco", interrumpió el rey de las hadas del bosque mientras andaba de un lado a otro pensativo ante el trono de Eyela. "¿Pero no se necesitan dragones para un festival de dragones?" Miró a Eyela con picardía.

Eyela le interrumpió. ¿Quizás el rey de las hadas del bosque pensaba que no se le habría ocurrido eso?

"Oh, sí", dijo cortésmente. "Quiero decir... claro -"

El rey la interrumpió de nuevo con su ruidosa voz, que sonaba como una sierra.

"Y ... ¿tenéis dragones??"

Eyela no estaba segura de lo que estaba tramando. ¿Acaso hablaba de dragones adultos de verdad? ¿O quizás Nugur contaba como un dragón para él?

"Bueno" respondió ella dudosa. "¡Sí!"

"Y ...", el rey de las hadas del bosque continuó el interrogatorio. Eyela, Falaroy y Feya esperaban con ansia la siguiente pregunta. "¿Habrá baile?"

Las tres se miraron atónitas. ¿Baile?

"Pues, pues claro...", respondieron casi a la vez. Eyela dio un brinco. "Mucho más baile del que jamás hayas imaginado", añadió Falaroy. Eyela se iluminó.

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